
Furor por las dietas shock
La endocrinóloga Astrid Libman admite que en esta época del año aumenta el número de consultas de hombres y mujeres que desean bajar de peso por "la preocupación estética que conlleva usar ropa de verano" y al mismo tiempo advierte sobre los efectos nocivos a corto y largo plazo de las dietas "shock".
—¿Es posible bajar 8 o 10 kilos en dos o tres meses?
—Perder peso implica mucho más que perder grasa. Dependiendo de quién esté tratando de adelgazar y del control que realiza el profesional que supervisa este intento, bajar de peso a una velocidad mayor a 500 gramos o un kilo por semana puede llevar, a corto plazo, a sufrir descensos bruscos de la presión arterial y hasta arritmias cardíacas (por pérdidas de minerales) e hipoglucemias ("bajones" de azúcar en la sangre). A largo plazo se incrementa el riesgo de formación de cálculos biliares, entre otros trastornos.
—¿Cuál es la mayor dificultad para bajar y mantenerse?
—El problema está precisamente en "cuidarse" una vez al año. Lo que se logra con las dietas para estar "10 puntos" en verano es el famoso efecto "sube y baja" que en la mayor parte de los casos no es más que un incremento progresivo del peso con interrupciones transitorias. Por el contrario, hay que propugnar adquirir, en quienes no lo tienen, y mantener en forma permanente, un hábito de alimentación saludable en cantidad y calidad. En definitiva, comer de todo pero con medida respetando los horarios y los tiempos para cada comida.
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