Dieta


Cada vez que inicia un año nuevo y sale el típico viaje relámpago a la playa a pasar la resaca que dejaron las fiestas decembrinas, entra el pánico, y te fijas como meta aplicar una dieta "de emergencia" para quitarte esos kilitos extra que provocaron las cenas a base de hallaca, pernil y ensalada de gallina, acompañadas de bebidas espumantes poco saludables, sobretodo cuando se pretende exhibir un minúsculo traje de baño.
Segui disfrutando de los entretenidos juegos de mario bros.

Justo cuando tomas la decisión de abandonar a los carbohidratos, a quienes consideras el enemigo número uno (por lo menos durante la semana que dure tu entrenamiento militar para verte lo más flaca posible), llegan las invitaciones para verse con los amigos que no ves desde el 2010, lo que implica tomar o comer "algo", que generalmente incluye las temidas cervezas, por su efecto en los abdómenes planos.

Muy juiciosa y consciente de que si sales en la noche vas a "pecar", decides no salir y te quedas en casa sin cenar. Pronto llega el anhelado sábado, y luces bella para las fotos post decembrinas; sin embargo, el lunes siguiente comienzas nuevamente a comerte todo aquello de lo que te privaste por una semana y el cuerpo comienza a asimilar, y pronto los kilos perdidos los recuperas y en ocasiones hasta el doble, lo que te llevará a hacer dieta para el próximo viaje a las costas.

Esto es lo que los nutricionistas llaman "dieta yo-yo", la cual consiste en alternar períodos donde se come mucho y otros donde se pasa hambre, por lo que se considera un método particularmente inefectivo para mantener un peso adecuado.
Divertite con los juegos de Ben 10.

Seg
Y es que según los especialistas en el área, el cuerpo humano responde al hambre disminuyendo el metabolismo, y cuando el alimento está otra vez disponible, se almacena inmediatamente como grasa. Este mecanismo de supervivencia, aunque es una respuesta útil para una escasez real de comida, deja a la persona alertagada y fatigada. El metabolismo puede ser restaurado a un nivel más alto mediante ejercicio y una dieta ligera, que se define como la mínima ingesta diaria de calorías de un 75% de la tasa metabólica basal o 1000 calorías.

Esto debe hacerse siempre bajo supervisión médica. Una vez que se llega al peso ideal, es esencial una dieta de mantenimiento, que requiere limitar la ingesta de calorías en exceso y hacer pequeños cambios en respuesta a observaciones físicas, tales como el peso y la apariencia.

Arriesgando la salud

Las dietas muy estrictas o extremas pueden ser muy peligrosas, además de inefectivas. Si una persona busca la idea popular de ser delgada y atlética, las dietas de pasar hambre son contraproducentes.

Otra idea que puede poner en riesgo tu salud por la obsesión de tener las medidas "perfectas", es la ingesta de píldoras dietéticas; algunas de las cuales sí son efectivas a corto plazo, pero con efectos secundarios desagradables y potencialmente peligrosos. Entre estos productos destacan las hierbas fisiológicamente activas disponibles en herboristerias, así como algunas medicaciones prescritas por los médicos y farmacéuticos.

En general, estos medicamentos se dividen en dos tipos: los diuréticos, para inducir la pérdida de agua; y los estimulantes (como la efedrina y más recientemente, la sinefrina, ya que la efedrina ha sido prohibida como suplemento de adelgazamiento por la FDA) para incrementar los latidos del corazón y reducir el apetito.

Ambos tipos de medicamentos pueden causar daño al hígado y a los riñones, mientras que los estimulantes pueden causar ataques cardíacos repentinos y adicción.

En cuanto al ayuno o las dietas muy bajas en calorías también pueden atentar contra el bienestar físico. La explicación está vinculada al hecho de que el cuerpo almacena carbohidratos en forma de glucógeno en los músculos y el hígado. El glucógeno se usa para fabricar glucosa. Los almacenes de glucógeno duran sólo un par de días (sin alimentarse). Los ayunos, las dietas muy bajas en calorías y carbohidratos hacen que la glucosa deba obtenerse de las proteínas. En el caso de que la dieta sea insuficiente en proteínas, se recurrirá a las fuentes internas por lo que se produce la autolisis y pérdida de músculo (la conversión de proteínas a glucosa se llama gluconeogénesis).

Una dieta muy baja en calorías restringe todos los carbohidratos y grasas no esenciales, pero proporciona las proteínas necesarias para prevenir la pérdida de músculo, lo que se conoce como "ayuno modificado para no perder proteínas". Este tipo de dieta es posible cuando las proteínas que se comen son suficientes para mantener las necesidades de glucosa del cuerpo a través de la gluconeogénesis.

Una investigación ha demostrado que una ingesta de 1 a 1.5 gramos de proteínas al día por kilogramo de peso ideal previene la pérdida de proteínas corporales. Por tanto, un ayuno de este tipo permite una rápida pérdida de grasas, debido al severo déficit calórico que se crea cuando casi todos los carbohidratos y grasas son eliminados de la dieta. Esta dieta extrema tiene muchos peligros potenciales, tales como cambios hormonales y rápida ralentización del metabolismo. A veces estas dietas son usadas por los culturistas para perder grasa y exponer músculo antes de las competiciones.

Entre los efectos secundarios que pueden generar las dietas de adelgazamiento extremas, destacan: hambre prolongada, depresión, potencia sexual reducida, fatiga, irritabilidad, debilidad, sinusitis, pérdida de músculo, erupciones, acidosis, ojos rojos y enfermedad en la vesícula biliar.

Cualquier dieta que no logre reunir los requerimientos nutricionales mínimos puede amenazar la salud general (y la forma física en particular). Si una persona no es suficientemente activa, es improbable que pierda peso y tenga una buena calidad de vida aunque haga dieta.

Una dieta de adelgazamiento correcta es una dieta normal balanceada; sólo es necesario disminuir la cantidad y quizás hacer algunas sustituciones (por ejemplo leche baja en grasa en vez de leche completa). Las dietas extremas pueden conducir a la malnutrición, y son menos efectivas en la pérdida de peso a largo plazo.